lunes, 20 de agosto de 2012

No sin mi eBook

Mi columna en DEIA, No sin mi eBook

No sin mi eBookHACE ya unos cuantos años al facturar mis maletas en el aeropuerto de Los Ángeles descubrí lo que podían llegar a pesar los libros. Nunca había pensado en ello, pero los más de 20 libros de tecnología que había comprado allí, disparaban el peso mínimo autorizado de equipaje. Menos mal que los americanos tienen solución para todo y disponían de un servicio de envío de paquetes a un precio bastante asequible, aunque los libros llegaran días después. Hoy viajo a todas partes con más libros que los que sé que podré llegar a leer en toda mi vida, y todo ello en los poco más de 200 gramos que pesa mi lector (eReader) de libros electrónicos (eBook).
DESCONOZCO QUE DESCONOZCO
No sin mi eBook
JUAN DE LA HERRÁN - Lunes, 20 de Agosto de 2012 - Actualizado a las 05:38h       
HACE ya unos cuantos años al facturar mis maletas en el aeropuerto de Los Ángeles descubrí lo que podían llegar a pesar los libros. Nunca había pensado en ello, pero los más de 20 libros de tecnología que había comprado allí, disparaban el peso mínimo autorizado de equipaje. Menos mal que los americanos tienen solución para todo y disponían de un servicio de envío de paquetes a un precio bastante asequible, aunque los libros llegaran días después. Hoy viajo a todas partes con más libros que los que sé que podré llegar a leer en toda mi vida, y todo ello en los poco más de 200 gramos que pesa mi lector (eReader) de libros electrónicos (eBook).
Las nuevas generaciones no entenderán el porqué del libro en papel. Los nuevos lectores de libros electrónicos nos permiten consultar diccionarios, hacer notas sobre los libros, tener acceso a internet para cualquier duda y consulta. No entienden que carguemos con un libro de 3 kilos en la mano, que nos levantemos cada dos por tres a coger un volumen de la enciclopedia para hacer una consulta o que no nos atrevamos a marcar con un rotulador una cita de un libro porque nos parece que estamos mancillando el honor del papel. Y por supuesto, jamás entenderán que les tratemos de explicar que un libro nuevo huele a papel fresco y que su tacto al pasar de página nos hace sentir una emoción especial. Se acabó el romanticismo del libro.
El libro en papel es una especie en extinción, pero no creo que sea una especie a proteger. La mayoría puede creer que la popularidad del libro empezó hace siglos con Gutenberg, pero en realidad hace mucho menos de 100 años de este hecho. Nuestras anteriores generaciones disponían de muy pocos libros en sus hogares. Salvo muy honrosas excepciones, el único ejemplar que se tenía, era la Biblia o el misal. Por tanto, y sin caer en la demagogia de salvemos un bosque, no creo que la paulatina sustitución de los libros en papel por los libros electrónicos sea un retroceso en nada.
Si te gusta leer en cualquier sitio no tengas dudas, lánzate a comprar un lector de libros. Mi consejo es que compres uno de tinta electrónica. Se trata de una tecnología muy similar a la tinta liquida, casi no consume electricidad y permite una lectura muy cómoda sin cansancio ocular. Las tabletas también se pueden utilizar como lectores, disponen de muchas más funciones y aplicaciones pero la lectura prolongada en una pantalla que brilla y emite luz no suele ser bueno para la vista. Por supuesto, la gran diferencia entre unas y otras está en que la tinta es monocroma pero cabe preguntarse si hoy en día el color es realmente necesario para disfrutar de un buen libro. Otro aspecto a considerar, es el del precio de los libros electrónicos. Al menos aquí la ley permite distribuir gratuitamente todos los volúmenes de un autor del que hayan pasado 80 años desde su fallecimiento. El problema está en la carencia de oferta asequible de las novedades editoriales. No tiene ninguna lógica que un libro en papel y un libro electrónico tengan precios muy similares, cuando los costes de producción y distribución de estos últimos no son significativos. Donde no he visto ningún avance es en los textos escolares. Ninguna editorial se ha lanzado a la creación de contenidos educativos para ser utilizados desde este tipo de dispositivos. Creo que las editoriales están viviendo al día sin tener todavía claro cuál es su futuro.
Hace dos años explicaba en mis cursos que el único sitio al que no recomendaba llevar el libro electrónico era a la playa. Enseguida se oían comentarios del tipo, es por el brillo del sol, es por la arena, o es por la humedad que influye sobre los componentes electrónicos... No era por ninguna de esas razones sino porque hasta el socorrista se acercaba a preguntarte qué era eso que tenías en las manos, impidiéndome leer de un tirón. Hoy en día lo extraño será ver a ese alguien con un libro en papel.

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