lunes, 28 de octubre de 2013

Último Lunes de Gernika

Mi columna en DEIA, Último Lunes de Gernika.

Último Lunes de GernikaA menudo los comerciantes no se lanzan a vender algún tipo de p
roducto por no ver rentabilidad ni mercado al que le pueda interesar, sobre todo en el caso de productos agrícolas y artesanales como los que podemos encontrar en el Último Lunes de Gernika. Quizás pudiéramos romper esta barrera si dejáramos de pensar en un mercado excesivamente local. Allí estuvimos pasando la mañana y tengo que decir que me la pasé bien compartiendo un talo con chorizo con la gente que conozco por allí. Un día tengo que atreverme con la fiesta de la tarde, cuando se recoge el mercado, pero de momento no.

DESCONOZCO QUE DESCONOZCO
Último Lunes de Gernika
POR JUAN DE LA HERRÁN - Lunes, 28 de Octubre de 2013  
Cada año me pasa lo mismo. Me encuentro en un solo día con 277 puestos y tan solo 5 horas para poder buscar, comparar y comprar verdaderas maravillas en el mundo del queso, las hortalizas, el txakoli, el pan y el pastel vasco, entre muchas otras. Y, ¿qué pasa los otros 364 días del año? ¿Cómo puedo comprar esos productos que nos han encantado? Algunos te dan su tarjeta, otros te dicen que su dirección viene en la bolsa, pero un mes después ya no sabes dónde dejaste la dirección de ninguno de ellos. Todos estos puestos son candidatos perfectos para aprovecharse de lo que Chris Anderson denomina Economía de la Larga Cola (Long Tail): de los mercados de masas al triunfo de lo minoritario.
Voy a tratar de explicarlo con un simple tomate. Para que los tomates de nuestra huerta logren estar en un gran supermercado se precisa de una alta demanda (y una demanda localizada). El problema es que vivimos en un mundo físico, donde el encuentro entre oferta y demanda se da en un espacio determinado. Por la ley de Pareto, en un súper cualquiera, el 20% de los productos generan el 80% de las ganancias. El resto conforman una larga lista de productos que se mueven poco. En este modelo, oferta y demanda se desencuentran. Nuestros tomates, de más calidad y por tanto más caros, si bien a nivel global tienen una masa crítica de demanda, en una determinada ciudad, en un gran supermercado, con un espacio en sus estantes limitado, no está disponible. A la hora de confeccionar su catálogo, el comerciante se decide por aquellos productos que más posibilidad tienen de ser comprados por el público de ese barrio.
Gracias a Internet podemos hacer que esos tomates que en un principio parecen un producto minoritario en nuestro pueblo, rompan las fronteras y puedan llegar a ser un producto global. Nuestra producción siempre será minoritaria pero ahora nuestra demanda puede aumentar de forma vertiginosa, lo que nos permitirá obtener un mayor beneficio. Comercios electrónicos gratuitos, redes sociales que hacen que nuestros clientes hablen de nuestros productos, la logística resuelta con las tarifas planas en el transporte. Dale un vistazo a los guipuzcoanos de pantori.es si no te crees que esto pueda funcionar con productos frescos. Para hoy cerveza artesana.

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