lunes, 14 de octubre de 2013

Rumore, rumore

Mi columna en DEIA, Rumore, rumore.

Rumore, rumoreHasta hace no demasiado tiempo, era fácil esconder la procedencia de un rumor con un simple "me lo ha dicho un pajarito", o un "se dice el pecado pero no el pecador", pero Internet ha puesto una de cal y una de arena en la difusión de los rumores. Por un lado aumenta de una manera impensable la difusión de estos rumores, pero por otro lado, cualquier habladuría que difundamos por Internet, dejara un rastro que tarde o temprano puede acabar por delatarnos.


DESCONOZCO QUE DESCONOZCO
Rumore, rumore.
POR JUAN DE LA HERRÁN - Lunes, 14 de Octubre de 2013 
Te lo juro, me lo ha contado un amigo, que su hijo es de la misma cuadrilla que un chico que tiene un bar en el que alguien dijo que era seguro que el primo de una chica que era de por allí, o de muy cerca, que le contaron que si tomas ese medicamento te crecen las orejas. Los bulos han existido toda la vida fuera de Internet  pero su capacidad de amplificación se reducía al circulo en el que se movía la persona que lo creaba. Si tenía suerte ese rumor podía llegar a ser clasificado como leyenda urbana ya que trascendía año tras años, unas veces situado en Bilbao, otras en Ibiza y otras en New York. Pero desde la llegada del correo electrónico, de WhatsApp y de las redes sociales, la capacidad de viralizar que tienen estas herramientas hacen que estos bulos creen una alarma social, como hemos podido ver la última semana con las falsas noticias de niños secuestrados en los colegios vascos.
Pero mucho cuidado con dejar un rumor dentro de Internet  porque la "huella digital" se puede rastrear hasta dar con el verdadero autor de este tipo de rumores. Si alguien lanza una noticia falsa a través de Twitter, está claro que poco a poco, dependiendo de su número de seguidores, la difusión de la misma puede crecer de forma exponencial, dando la sensación a los que no conocen cómo funciona esta herramienta, que es imposible saber cuándo o cómo surgió. Craso error, es incluso sencillo, solo hace falta tiempo y ganas, rastrear uno de estos cuentos chinos y llegar hasta la fuente que la ha filtrado, todo gracias a la huella digital.
Todos nuestros ordenadores o smartphones que se conectan a la red tienen un número de serie, dirección MAC, diferente para cada uno de los dispositivos del mundo. Además, cada vez que nos conectamos lo hacemos mediante la denominada dirección IP. Nuestro proveedor de internet, por ley, mantiene toda esa información, por lo que un juez puede pedir los listados y conocer el nombre y apellidos de la persona que se conectó un día y a una hora determinada. Si además el rumor lo hemos lanzado utilizando una red social, en la mayoría de los casos este rastreo es mucho más sencillo, sin necesidad de solicitar esos complejos listados de direcciones IP. Usa internet para lo que quieras, pero no para lanzar rumores.

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